Arena, camellos y otras hierbas…



Cuando, organizando el viaje, pensé en hacer un safari en camello, se me ocurrieron obviedades tales como: desierto, calor, médanos, dolor de huevos, olor a camello, etc.; ahora, lo que jamás se me había ocurrido, es que pudiera llegar a resultar en una experiencia tan divertida! Montados en el jeep, todos medios apretados y con las provisiones metidas en la entrepierna, fuimos dejando atrás la ciudad. El grupo estaba formado por  nosotros  (Fabrize, Laura, Sam  y yo), y otras 4 personas que se nos sumaron al momento de comenzar y de las cuales, increíblemente, dos eran también argentinas. 

De visita por el Bhang Shop


Este viaje se presentó ante mí, desde el primer momento, como una gran experiencia de liberación, de encuentro; la chance para poder disfrutar sin más condicionamientos que mis propias ganas, dejando atrás cualquier tipo de limitación que pudiera coartarme.  Lo “socialmente correcto” sería un detalle sin relevancia, dando lugar a experimentar situaciones y vivencias que, muchas veces por pudor o condicionamientos del entorno, uno deja pasar, pero que internamente despiertan curiosidad. La ventaja? Conocerme realmente muy bien en ciertos aspectos, sabiendo que todo aquello que pudiera hacer sería tan sólo por diversión, y formando parte del “folclore” del viaje que realizaba. 

Jaisalmer: la Ciudad Dorada.


En cualquier guía turística, el Raj es sinónimo de desierto y camellos; de hombres de turbante con largos y llamativos bigotes; de mujeres ricamente vestidas con saris de los más hermosos colores; de fortalezas sacadas de libros de cuentos,  y de un sol radiante que todo lo baña. Pero para mí, el Raj representó  mucho más. Significó una aventura a lomo de camello por el desierto, rodeado de gente increíble; un amanecer recostado sobre prístinas dunas de arena; significó la paz de las callejuelas del viejo fuerte; también un atardecer contemplado desde la torre de la amplia muralla, recostado sobre un viejo cañón, con un mar de arena como telón de fondo. Significó armonía, paz, tranquilidad. Por todo esto, este lugar tan especial  significó también un encuentro conmigo mismo.

Mount Abu: una luna de miel perfecta


Atrás quedaba Udaipur, pero cualquier sensación de nostalgia fue dejada de lado ya que había encontrado un par de compañeros de viaje geniales (Fabrize y Laura), con quienes me disponía a seguir avanzando. No tenía un mapa trazado, así que me dispuse a seguirlos, y así fue que apareció en mi itinerario el próximo destino: Mount Abu.  

Banswara: un regalo especial.


Se trataba de mi último día en Udaipur, y me llenaba de una expectativa especial, ya que el dueño del hostel, y a través de la Oficina de Turismo de la Ciudad, nos había invitado a los franceses y a mí a participar de un día de excursión: traslados, actividades y almuerzo incluidos, totalmente gratuitos. Y para ser sincero creo que la ansiedad se daba al pensar que se trataba de la primera vez (y que recuerde, la única) en que, en India, íbamos a recibir algo que no implicaba algún tipo de engaño y puesta de dinero posterior, como por lo general ocurre. Pero tampoco estábamos seguros, por lo que íbamos preparados para lo que pudiera suceder. Y aún a pesar de nuestro escepticismo, el día nos sorprendió gratamente. 

Nuevos amigos, y un sin fin de buenos momentos compartidos...


Imaginemos: edificios con siglos de antigüedad; estrechas calles en desniveles; pasadizos; un hermoso lago en cuyo centro se alza imponente un majestuoso Hotel, otrora Palacio, alumbrado por farolas; el actual City Palace (residencia del Maharajá), con sus altas murallas resplandeciendo en la luz mortecina del alba; contornos montañosos que se insinúan en el horizonte;  el silencio del amanecer y de una población que todavía descansa, y un sol que juega a aparecer, cubriendo todo con sutiles rayos dorados.... Esa fue la primera impresión que tuve de Udaipur, "La Ciudad Rosa".  

Lugares sagrados, y una espiritualidad puesta a prueba...


Confiado ya en mí experiencia ferroviaria en tierras indias, y con la tranquilidad que poseer un boleto de viajes confiere, me dispuse a descansar mientras me dejaba llevar hacia el desierto del Tar. Más precisamente, hacia su ciudad más grande: Jaipur. Pero horas de sueño atrasado y un vagón con escasas luces, me jugaron una mala pasada que terminó convirtiéndose en una formidable nueva vivencia.   

Los "Sijs", y su fabuloso Golden Temple.

Muchos eran los caminos a seguir, y a partir de ahora de manera solitaria. Debía escoger, y el norte fue la elección. El Templo Dorado llamaba poderosamente mi atención, y así fue que después de mucho andar, arribé a Amritsar, una ciudad ubicada a tan sólo 26kms del límite con Pakistán, y el lugar de peregrinación más importante de la comunidad Sijs, otra de las muchas religiones del subcontinente indio.

Kama Sutra, Medio Evo, y una despedida...


El valle del Ganges se nos presentaba como una sucesión bucólica de pequeños poblados y, francamente, queríamos conocerlos todos. Pero consideramos que, en lugar de seguir alejándonos hacia el este debíamos, de a poco, ir acercándonos hacia Nueva Delhi, lugar desde el cual, Naty y María regresarían a Argentina. La opción fue Kajuraho, un lugar mundialmente famoso por sus hermosos templos dedicados (según dicen), al Kama Sutra.

Kathmandú y Varanasi, en imágenes...



Varanasi, el Gánges, y la Vida que da un giro...

Pasar por Varanasi (Benarés) y no sentir el sacudón que el lugar produce a los sentidos, es no haber estado en la India, aunque mucho más dramático aun, significa tener los sentidos adormecidos. Imposible resulta no conmoverse con la forma en que se desarrolla la vida en este lugar, pero por asombroso que parezca, mucho más llamativo aún, es la fuerza con que la Muerte se muestra en cada aspecto de todo aquello que compone lo cotidiano, la rutina, la forma de vivir de sus habitantes y que, aunque nos opongamos fervientemente, también hace mecha en los turistas.

Patán y Bakhtapur. Dos obras de arte.


La ciudad de Katmandú se halla ubicada dentro de un extenso valle, en donde además, se ubican estas otras dos ciudades que, junto con la primera, forman el conglomerado urbano más grande del país. Y al igual que en la ciudad capital, estas poseen importantes reliquias arquitectónicas y un extraordinario legado histórico, convirtiéndolas en un atractivo más que interesante para los turistas que pululan por las calles nepalíes. 

Kathmandú. Cautivante y misteriosa....

Pensar en Kathmandu es pensar en magia, historia, encanto, misticismo. Todo esto, y mucho más, conjugado con una arquitectura muy especial, y una vida sumamente ajetreada que invade sus calles. La ciudad nos recibió tarde por la noche, con un corte de luz generalizado, pero con un encanto y una vida que potenció la expectativa que teníamos puesta en este lugar.

Dejando atrás los Himalayas...

Las montañas me habían hechizado. Las experiencias vividas en su seno me generaban un magnetismo casi irresistible, negándome íntimamente a abandonarlas, aunque con la conciencia de saber que mucho más cosas aún nos estaban aguardando para ser disfrutadas y compartidas. La razón se impuso, pero me fui alejando de los Himalayas con cierto recelo, y sabiendo que el influjo de sus recuerdos me seguirían acompañando casi como su presencia: eternamente.

Siempre pateando hacia adelante..

Puede que alguna vez se me haya ocurrido pensar en un lindo amanecer; o que haya visto algunos muy hermosos; pero verlo sobre los Annapurnas superó todo lo vivido anteriormente. Sobre todo, si le agregamos el condimento de una caminata de 45 minutos, hasta los 3200mts, trepando por la montaña, totalmente a oscuras (de madrugada, y luego de que la linterna se quedara sin pilas), y con una temperatura que contaba con algunos grados bajo cero… Así comenzó nuestro cuarto día de trekking.

Nepal. Tierra de mágicos contrastes...

Los siguientes 6 días nos encontrarían perdidos en medio de la montaña, recorriendo el más majestuoso de los paisajes que hasta el momento haya tenido la oportunidad de conocer. Senderos que atraviesan pequeños pueblos en los cuales todavía se mantienen muchos aspectos de la forma de vida tradicional de "sherpas" y "ghorkas" (entre otras etnias); caravanas de burros con carga sobre el lomo; picos nevados; bosques de rododendros; aguas termales; amaneceres y atardeceres de fábula, y muy gratos momentos...

Namasté!!! Welcome to Nepal...

La palabra "asombro" va a ser la que describa de alguna manera todo lo que Nepal nos fue brindando a medida que lo fuimos recorriendo. Un país increíblemente barato (comemos como duques por $5.- argentinos y dormimos por mucho menos), con gentes amables, paisajes sacados del mejor libro de fantasías, ciudades casi mágicas, y lleno de historias y leyendas, pero donde la pobreza campea en toda su extensión, y donde la gente tiene que luchar a cada momento por ganarse esas pocas rupias que le permitan subsistir día a día; pero que demuestran una dignidad inquebrantable y un espíritu de lucha que realmente no ha parado de maravillarme ...

Hacia tierras nepalíes...

Siempre con la idea de seguir en movimiento, intentamos de alguna manera "ponernos de acuerdo" acerca de cómo hacerlo. Decisiones encontradas, puntos de vista divergentes, opiniones que no concuerdan... lamentablemente no logramos establecer ese punto de conexión que nos permitiera continuar el viaje tal cual lo teníamos planeado, todos juntos ...

Una historia de Amor, convertida en obra de arte...

Ya a tono con la forma de movernos en India, decidimos hacer nuestra primera prueba acerca de como viajar en tren. Resultado? Positivo: nadie nos quiso embaucar con los boletos o el equipaje, y fue un viaje cómodo aunque en "economoy class". El destino? Agra, la ciudad del Taj Mahal.