Demostrado quedó que no puedo con mi genio, sobre todo, si
me agarran desprevenido. Así fue en el tren, camino a Jaipur, durante un viaje
nocturno. Para que un chico no quedara separado de la familia accedí a
cambiarle mi litera, siendo el resultado previsible: casi no dormí. La cama en
suerte me tocó paralela al pasillo (al lado del ir y venir de la gente),
resultó ser más corta que el resto y las 2 ventanas no se cerraban con firmeza,
así que el frío se hizo sentir durante todo el viaje. Amanecido antes de
amanecer, así arribé a Jaipur, la más grande de las ciudades de este estado, y también
la más polucionada, ruidosa y súper poblada. Lo sabía, pero esperaba que su
centro histórico y edificios importantes contrastaran con el resto. No fue tan
así.