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Un reencuentro con Amigos ..


Krabi Town se presenta como un pequeño paraíso para los escaladores, donde formaciones geológicas muy particulares brindan además, un efecto paisajístico increíble.   

Inmensos bloques ígneos se elevan por más de 100 metros de altura, tanto desde la tierra como en el agua, cubiertos por una profusa vegetación selvática y con una fisonomía especial. Este relieve, llamado kárstico, se origina a causa del proceso de meteorización química de determinadas rocas (como la caliza y el yeso), que están compuestas por minerales solubles en agua las cuales, tanto superficiales como subterráneas, van disolviendo las rocas y creando galerías y cuevas que, ya sea por hundimiento de tipo parcial o total, van formando dolinas, cañones, cuevas, estalactitas, estalagmitas, etc.  

El paisaje estaba ahí, al alcance de la mano, pero el hecho de dedicarme a la escalada con temperaturas que llegaban a oscilar los 40 grados no era algo que me entusiasmara demasiado, así que opté por disfrutar del lugar, pero de una manera más apacible y convencional. Decidí recorrer a pie cada rincón de este pequeño poblado hasta que, habiéndolo descubierto en su totalidad, me dediqué a visitar algunas de las playas cercanas (el verdadero motivo de mi estadía allí). 

De vuelta a la civilización.....


India había quedado atrás, y Malasia me esperaba nuevamente. Una tierra donde todo lo que ves, es lo que es (sin sorpresas); que me había maravillado, y donde había pasado muy gratos momentos al comenzar mi itinerario. Un lugar donde no hay sonidos estridentes fuera de los acostumbrados en toda gran ciudad; con calles más bien limpias y ordenadas, sin animales sueltos que entorpezcan el andar, ni el acoso permanente de los vendedores ambulantes que, incluso aquí, pululan por doquier. Un lugar donde poder poner la cabeza en orden, y decidir qué hacer, que rumbo tomar, ya que aún me quedaba mucho tiempo por delante para seguir viajando pero, increíblemente, nunca había contemplado la posibilidad de pensar en un “plan B”.  

Y  también pesaban los sentimientos. Y cómo no deberían de hacerlo si aquí había comenzado todo: en éstas tierras hice mi debut puertas afuera, dando los primeros pasos de una aventura que ya había modificado su itinerario en reiteradas oportunidades, dejándose enredar entre comentarios y recomendaciones de viajeros, que delineaban mi camino al ir marchando.