Cuando, organizando el viaje, pensé en hacer un safari en
camello, se me ocurrieron obviedades tales como: desierto, calor, médanos,
dolor de huevos, olor a camello, etc.; ahora, lo que jamás se me había
ocurrido, es que pudiera llegar a resultar en una experiencia tan divertida!
Montados en el jeep, todos medios apretados y con las provisiones metidas en la
entrepierna, fuimos dejando atrás la ciudad. El grupo estaba formado por nosotros (Fabrize, Laura, Sam y yo), y otras 4 personas que se nos sumaron
al momento de comenzar y de las cuales, increíblemente, dos eran también
argentinas.