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Dejando atrás los Himalayas...

Las montañas me habían hechizado. Las experiencias vividas en su seno me generaban un magnetismo casi irresistible, negándome íntimamente a abandonarlas, aunque con la conciencia de saber que mucho más cosas aún nos estaban aguardando para ser disfrutadas y compartidas. La razón se impuso, pero me fui alejando de los Himalayas con cierto recelo, y sabiendo que el influjo de sus recuerdos me seguirían acompañando casi como su presencia: eternamente.

Siempre pateando hacia adelante..

Puede que alguna vez se me haya ocurrido pensar en un lindo amanecer; o que haya visto algunos muy hermosos; pero verlo sobre los Annapurnas superó todo lo vivido anteriormente. Sobre todo, si le agregamos el condimento de una caminata de 45 minutos, hasta los 3200mts, trepando por la montaña, totalmente a oscuras (de madrugada, y luego de que la linterna se quedara sin pilas), y con una temperatura que contaba con algunos grados bajo cero… Así comenzó nuestro cuarto día de trekking.

Nepal. Tierra de mágicos contrastes...

Los siguientes 6 días nos encontrarían perdidos en medio de la montaña, recorriendo el más majestuoso de los paisajes que hasta el momento haya tenido la oportunidad de conocer. Senderos que atraviesan pequeños pueblos en los cuales todavía se mantienen muchos aspectos de la forma de vida tradicional de "sherpas" y "ghorkas" (entre otras etnias); caravanas de burros con carga sobre el lomo; picos nevados; bosques de rododendros; aguas termales; amaneceres y atardeceres de fábula, y muy gratos momentos...