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Arena, camellos y otras hierbas…



Cuando, organizando el viaje, pensé en hacer un safari en camello, se me ocurrieron obviedades tales como: desierto, calor, médanos, dolor de huevos, olor a camello, etc.; ahora, lo que jamás se me había ocurrido, es que pudiera llegar a resultar en una experiencia tan divertida! Montados en el jeep, todos medios apretados y con las provisiones metidas en la entrepierna, fuimos dejando atrás la ciudad. El grupo estaba formado por  nosotros  (Fabrize, Laura, Sam  y yo), y otras 4 personas que se nos sumaron al momento de comenzar y de las cuales, increíblemente, dos eran también argentinas. 

De visita por el Bhang Shop


Este viaje se presentó ante mí, desde el primer momento, como una gran experiencia de liberación, de encuentro; la chance para poder disfrutar sin más condicionamientos que mis propias ganas, dejando atrás cualquier tipo de limitación que pudiera coartarme.  Lo “socialmente correcto” sería un detalle sin relevancia, dando lugar a experimentar situaciones y vivencias que, muchas veces por pudor o condicionamientos del entorno, uno deja pasar, pero que internamente despiertan curiosidad. La ventaja? Conocerme realmente muy bien en ciertos aspectos, sabiendo que todo aquello que pudiera hacer sería tan sólo por diversión, y formando parte del “folclore” del viaje que realizaba.