Seguía siendo India, o al menos los mapas así lo aseguraban. Pero en el aire había algo diferente, distinto. Esa atmósfera especial que genera la idiosincrasia budista se respiraba por doquier. Monasterios, banderas de oración desplegadas al viento, monjes, y cantos llenos de devoción empapaban el alma con una paz y armonía dignas de los mejores libros de cuentos.
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Entre monasterios y monjes budistas …
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