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Pateando Bangkok

Por ahí escuché decir que en el infierno hace calor; si es así, Bangkok ha de ser lo más parecido al infierno que yo haya conocido! Caminar por sus calles significó ser golpeado permanentemente por un aire caliente que todo lo envuelve, y del cual es imposible poder escapar, aún refugiándose debajo de la sombra de los muchos árboles o edificios que forman la ciudad. Esa masa gigantesca de hormigón armado y motores en movimiento se convierte durante el día en una gran caldera, quedando uno sumergido en una estela de calor que sofoca, agobia los sentidos y no permite moverse sin tener la sensación de que se va a ser víctima de deshidratación de un momento a otro.  

Así, con tan interesantes perspectivas, decidí colgarme la mochila al hombro y salir a caminar por sus calles; mapa en mano y con ganas de conocer, decidí hacerle frente al calor, ganando por cierto la batalla, pero quedándome muy en claro que es un enemigo al que se debe respetar y tratar con mucha cautela. 

Encuentro con tierras asiáticas...


“El verdadero viaje de descubrimiento, no consiste en ver lugares nuevos, sino en mirar con nuevos ojos”.

Una frase magnífica, que encierra prácticamente todas aquellas motivaciones que me llevaron a tomar la decisión de emprender una travesía que, para el razonamiento de muchos, no era otra cosa más que una simple locura, mientras que para algunos otros (los menos, debo admitir), era casi una epopeya.
Yo necesitaba poder ver algo diferente, distinto, ajeno a todos los cánones impuestos y aprendidos dentro del concepto de lo “normal” o “tradicional”. Sabía que había otras maneras de ver, sentir, y entender el mundo que nos rodea, y una necesidad imperiosa de ser parte de ese mundo diferente me motivó a dejar todo de lado, ponerme la mochila al hombro y, tan sólo, partir…