Pensar en Kathmandu es pensar en magia, historia, encanto, misticismo. Todo esto, y mucho más, conjugado con una arquitectura muy especial, y una vida sumamente ajetreada que invade sus calles. La ciudad nos recibió tarde por la noche, con un corte de luz generalizado, pero con un encanto y una vida que potenció la expectativa que teníamos puesta en este lugar.